Saltar al contenido

    Cómo enseñar a estudiar a tu hijo

    Actualizado el 4 de noviembre de 20265 min de lecturaRedacción de psicopedagogia.com

    En pocas palabras

    • Enseñar a estudiar es acompañar con preguntas y retirarse poco a poco: lo que tu hijo hace por sí mismo es lo que de verdad aprende.
    • En los estudios, ayudar directamente con los deberes no se asocia a mejores notas; hablar de por qué importa estudiar y de cómo se aprende, sí.
    • Si tras varias semanas de rutina clara siguen los bloqueos, hay que hablar con el tutor: puede haber algo más que técnica.
    En esta página
    1. Ayudar no es hacer: qué dice la investigación
    2. Cómo notar que estás haciendo tú el trabajo
    3. La retirada gradual en cuatro fases
    4. Frases que ayudan y frases que bloquean
    5. Dos conversaciones de ejemplo
    6. Después de un examen: la conversación que más enseña
    7. Preguntas frecuentes
    8. Fuentes

    Son las ocho de la tarde. Sara, de 5.º de Primaria, lleva cuarenta minutos mirando el trabajo de Conocimiento del Medio y su padre se ha sentado a su lado «solo para echar una mano». A los diez minutos, el padre dicta la primera frase. A los veinte, tiene el bolígrafo en la mano. A las nueve, el trabajo está terminado y está bien. Sara no ha aprendido nada de lo que el trabajo pretendía enseñarle, salvo que si tarda lo suficiente, alguien lo hace por ella. Este texto es para madres, padres y cuidadores que quieren acompañar sin sustituir y retirarse a tiempo.

    Ayudar no es hacer: qué dice la investigación

    Cuando se analizan diversos estudios sobre cómo se relaciona la implicación de las familias con el rendimiento en la educación secundaria inicial, aparece un resultado sorprendente: ayudar directamente con los deberes fue la modalidad con la relación más negativa con el rendimiento, mientras que la socialización académica (hablar de las expectativas, de para qué sirve estudiar, de cómo se aprende y relacionar lo escolar con los intereses y metas del chico) fue la que tuvo la relación positiva más fuerte (Hill y Tyson, 2009). La interpretación cuidadosa es que son datos correlacionales: puede que las familias ayuden más cuando el hijo ya va mal, no que ayudar empeore las notas. Pero también sugieren que sentarse a hacer los deberes con él no es lo que más rinde.

    Otra idea, de la psicología del desarrollo, ayuda a entender qué tipo de ayuda sí sirve. Los investigadores Wood, Bruner y Ross (1976) describieron cómo un tutor sostiene lo que el niño aún no puede hacer solo y deja que haga lo que ya puede, retirándose a medida que aumenta su competencia. Es lo que hoy se llama andamiaje, y tiene su correlato en la zona de desarrollo próximo.

    Cómo notar que estás haciendo tú el trabajo

    La frontera es fina y se cruza sin darse cuenta. Algunas pistas:

    Si ves estoPrueba esto
    Tienes el lápiz o el ratón en la manoQue lo tenga él; tú señalas con el dedo el ejercicio
    Le das la respuesta en cuanto dudaPregunta «¿qué has probado ya?» y cuenta hasta diez antes de seguir
    Corriges cada error al momentoAnota el error y revisadlo todos juntos al terminar
    Reescribes lo suyo porque «queda mal»La presentación se mejora después, con él, y no la haces tú
    Empiezas tú las frases del trabajoDeja que escriba mal la primera versión: se arregla en el borrador
    Se levanta y tú sigues sentadaÉl es quien dirige la sesión; si se acaba, se acaba

    La retirada gradual en cuatro fases

    La idea de fondo es sencilla: lo que se enseña a hacer, al final se hace solo. Cada técnica (un esquema, unas tarjetas, la agenda) pasa por las mismas cuatro fases. No hay un calendario fijo: algunas llevan días y otras, meses.

    Retirada gradual de la ayuda
    1. Yo lo hagoTú haces el primer esquema pensando en voz alta mientras él mira
    2. Lo hacemos juntosÉl escribe, tú preguntas: «¿qué viene ahora?»
    3. Lo hace élTú te sientas cerca, sin intervenir, y respondes solo si pregunta
    4. Lo hace y me lo cuentaTrabaja solo y al final te explica en cinco minutos qué ha hecho

    Con la edad cambia el punto de partida. Para un alumno de 3.º de Primaria, casi todo empieza en la fase 1 o 2; para uno de 2.º de ESO, probablemente en la 3. Y se puede estar en fases distintas según la técnica: Marta, de 6.º, ya hace sola la agenda (fase 4) y todavía necesita acompañamiento para el esquema de Conocimiento del Medio (fase 2).

    EtapaPapel orientativo de la familia
    3.º y 4.º de PrimariaPresencia cercana y rutina fija; preguntas al empezar y revisión final
    5.º y 6.º de PrimariaPresencia a distancia, ayuda en técnicas nuevas; el niño lleva la agenda
    1.º y 2.º de ESOPacto semanal con la agenda; apoyo si lo pide, sobre todo en organización
    3.º y 4.º de ESOInterés por lo que estudia y por las decisiones de itinerario; menos control
    BachilleratoDisponibilidad y orientación; él decide cómo y cuándo

    Frases que ayudan y frases que bloquean

    Lo que se dice pesa tanto como lo que se hace (el elogio tiene sus matices, que se explican en autoestima infantil). Esta tabla recoge los cambios más útiles:

    Qué decir al acompañar el estudio
    AyudaBloquea
    Al empezar¿Qué te toca hoy y por dónde empiezas?¿Has hecho ya los deberes?
    Si se atasca¿Qué has probado ya?Mira, es facilísimo, es así
    Para entenderCuéntame cómo lo has pensadoEso está mal, así no se hace
    Tras un suspensoVeamos juntos qué cayó y cómo lo estudiasteOtra vez un cuatro, ¿qué te pasa?
    Al reconocerMe gusta que hayas seguido aunque se te atascóQué listo eres, esto es fácil para ti

    Dos conversaciones de ejemplo

    Después de un examen: la conversación que más enseña

    La mejor ocasión para enseñar a estudiar es el examen corregido. Cuatro preguntas, sin prisa y sin reproches: qué estudié, cómo lo estudié, qué cayó que no esperaba y qué voy a cambiar la próxima vez (una sola cosa). Muchas veces la respuesta es «releí», y ahí tienes la oportunidad de proponer practicar recordando, que es una de las estrategias con más respaldo (Dunlosky y otros, 2013). Para planificar el siguiente examen con tiempos, el plan de preparar un examen sirve de guía. Y si la frustración viene por el tiempo que tarda, ayuda mirar los hábitos de estudio y los deberes por etapa.

    Una semana acompañando bien

    Si quieres conocer qué técnicas enseñar en cada etapa, tienes las de Primaria y de la ESO, con ejemplos y tiempos.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué hago si no sé la materia que estudia mi hijo?

    No necesitas saberla. Pídele que te la explique: tus preguntas como alguien que no sabe («¿y eso por qué?») le obligan a ordenar lo que sabe, y si no puede explicarlo, ahí está su laguna. Para dudas concretas, que las apunte y las lleve al profesor, o a los materiales del centro.

    ¿Hasta qué edad hay que acompañar a un hijo cuando estudia?

    No hay una edad fija. En los primeros cursos de Primaria, la presencia es cercana; en 5.º y 6.º se va a una revisión final; en la ESO, a un pacto semanal. En Bachillerato, la familia queda como apoyo si lo pide. Cada hijo cambia de ritmo, y también cada asignatura.

    ¿Cómo consigo que empiece a estudiar sin discutir?

    Con una hora y un sitio fijos y una pregunta de arranque («¿qué te toca hoy y por dónde empiezas?»). Si cada tarde se negocia, cada tarde habrá discusión. Pacta la rutina un día en que no haya tensión, y que sea él quien proponga la hora en la medida de lo posible.

    ¿Puede ayudarle su hermano mayor?

    Sí, con las mismas reglas: preguntar antes que explicar, no coger el lápiz y retirarse. Explicar a un hermano pequeño también es bueno para el mayor, siempre que no se convierta en una obligación diaria que cree conflictos.

    ¿Qué hago si suspende después de estudiar mucho?

    Sentaos a ver el examen sin buscar culpables: qué estudió, cómo lo hizo, qué preguntas cayeron. Muchas veces ha dedicado horas, pero a releer, no a practicar. Cambiar una cosa cada vez y comprobar el resultado vale más que añadir horas.

    Fuentes

    1. Hill, N. E. y Tyson, D. F. (2009). Parental involvement in middle school: A meta-analytic assessment of the strategies that promote achievement. Developmental Psychology, 45(3), 740-763. doi.org/10.1037/a0015362
    2. Wood, D., Bruner, J. S. y Ross, G. (1976). The role of tutoring in problem solving. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 17(2), 89-100. doi.org/10.1111/j.1469-7610.1976.tb00381.x
    3. Dunlosky, J., Rawson, K. A., Marsh, E. J., Nathan, M. J. y Willingham, D. T. (2013). Improving Students' Learning With Effective Learning Techniques: Promising Directions From Cognitive and Educational Psychology. Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4-58. doi.org/10.1177/1529100612453266

    Sigue leyendo

    Todo sobre técnicas de estudio →