Autoestima infantil: señales de alerta y cómo elogiar bien
En pocas palabras
- La autoestima sana se apoya en logros reales y en sentirse querido tal como es, no en oír que se es el mejor.
- Elogiar el esfuerzo y la estrategia es mejor que elogiar la inteligencia, aunque los efectos medidos son más pequeños de lo que se contó durante años.
- Si la tristeza, la evitación o los comentarios sobre uno mismo duran semanas, conviene consultar con el pediatra o el centro.
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Lucas tiene 9 años, ha sacado un 4 en Lengua y, al volver a casa, deja la mochila en el suelo y dice: «Soy tonto». Su madre no sabe si contestar «no digas eso», «claro que no, eres listísimo» o preguntarle por el examen. Esta página es para madres y padres que quieren distinguir una mala tarde de un patrón preocupante y saber qué decir, basándose en lo que se sabe y en lo que no.
Qué es la autoestima y qué no es
La autoestima es la valoración que una persona hace de sí misma. En los niños se alimenta de dos fuentes que se confunden con facilidad: saberse querido sin condiciones y comprobar que es capaz de hacer cosas. Si falta la primera, el niño busca aprobación a cualquier precio. Si falta la segunda, la aprobación suena hueca.
No es lo mismo tener una autoestima alta que una ajustada a la realidad. Un niño no necesita sentirse el mejor de la clase; necesita saber que vale aunque no lo sea y que puede mejorar en lo que le cuesta.
Señales de baja autoestima
Un niño con la autoestima baja no siempre lo dice. A veces parece tímido, perfeccionista, bromista o «pasota». Lo que hay que mirar es la repetición y la intensidad.
Esperable
- Dice «no sé hacerlo» antes de probar algo nuevo y luego lo intenta
- Se enfada o se entristece tras un suspenso y se recupera en uno o dos días
- Pide perdón cuando se equivoca, sin hundirse
Consulta con un profesional
- Tristeza o irritabilidad casi cada día durante más de dos semanas
- Dolores de tripa o cabeza antes de ir al colegio, sin causa médica
- Se aísla, deja de comer o duerme mucho menos
- Habla de hacerse daño o de que sería mejor no estar
Las señales rojas no se confirman en casa: si las ves, consulta con el pediatra o con la orientadora del colegio. Y si hay pensamientos de hacerse daño, el teléfono 024 (línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad) es gratuito, confidencial y funciona las 24 horas; en una urgencia, el 112.
Elogiar el esfuerzo: lo que se sabe y lo que no
El estudio más citado es el de Mueller y Dweck (1998): en seis experimentos, los alumnos de quinto curso (unos 10-11 años) elogiados por su inteligencia mostraron, tras un fracaso, menos persistencia, menos disfrute y peor rendimiento que los elogiados por su esfuerzo. De ahí nació la recomendación popular de «elogia el esfuerzo, no la inteligencia».
Pero hay que añadir matices. Una réplica similar con 624 niños chinos de 9 a 13 años (Li y Bates, 2019) no encontró efectos en ninguna de las ocho medidas de motivación y atribución del estudio original, y solo vio una diferencia en una prueba de dificultad moderada, justo en el límite de la significación estadística. En otros dos estudios del mismo trabajo tampoco apareció. Además, dos metaanálisis con cientos de miles de estudiantes concluyeron que la relación entre mentalidad de crecimiento y rendimiento es débil y que los efectos de las intervenciones también lo son, aunque hay indicios de que pueden beneficiar a alumnos de nivel socioeconómico bajo o en riesgo académico (Sisk y otros, 2018). Esas cifras son sobre mentalidad, no sobre elogio, por lo que tampoco hay que descartar el elogio específico, que tiene sentido por sí mismo.
Hay otro matiz que sí se ha estudiado en familias: en un seguimiento de 120 familias neerlandesas con niños de 7 a 11 años, el elogio inflado («¡has hecho un dibujo increíble, el mejor del mundo!») predijo una autoestima más baja en los niños y, solo en los que ya tenían autoestima alta, más narcisismo; el elogio sin inflar no predijo ninguna de las dos cosas (Brummelman y otros, 2017). Es un estudio observacional, pero encaja con la idea de que los estándares inalcanzables asustan.
Qué te llevas para casa: sin prometer efectos grandes, es razonable elogiar lo que el niño controla (el intento, la estrategia, la constancia), con precisión y sin exagerar.
| Ayuda | Ayuda menos | |
|---|---|---|
| Se refiere a | Lo que hizo | Cómo es |
| Ejemplo | «Probaste tres formas hasta que salió» | «Qué listo eres» |
| Tono | Concreto y tranquilo | Exagerado: «el mejor del mundo» |
| Tras un fallo | «Esto te ha salido mal, ¿qué cambiamos?» | «No pasa nada, no te hace falta» |
| Frecuencia | Cuando lo merece | Por todo |
Qué decirle a Lucas
Volvamos al 4 en Lengua. Tres respuestas posibles, de peor a mejor.
«No digas eso, tú eres muy listo». Contradice lo que él siente y suena a que no le escuchas.
«Es que no estudiaste lo suficiente». Cierto, pero ahora solo oye una acusación.
«Parece que estás muy disgustado. ¿Qué ha pasado en el examen?». Primero reconoces lo que siente. Después, cuando se calme (a veces hay que esperar a la mañana siguiente), le preguntas: «¿Qué parte se te hizo más difícil? ¿Qué probaremos distinto la próxima vez?». Lo que le dices sobre su valor no cambia con la nota: «Me importas igual con un 4 que con un 9». Si repite «soy tonto» a menudo, dale una frase de repuesto: «Hay cosas que todavía no me salen».
Qué construye autoestima en casa
- Responsabilidades reales a su medida: poner la mesa a los 5 años, preparar la mochila a los 8, cocinar una cena a la semana a los 13. Aportar en casa es una prueba de que es capaz.
- Diez minutos al día, solos, sin pantallas y sin hablar de deberes, sobre lo que él elija.
- Que pueda decidir en cosas pequeñas: qué ropa, qué cuento, en qué orden hace las tareas.
- Que reparar un error sea normal. Si rompe algo, lo recoge contigo y lo cuenta sin que lo regañen, además de la consecuencia que corresponda; en poner límites a los hijos hay ejemplos.
- Cuidado con las etiquetas que ponemos delante de otros («el tímido», «el desastre»), porque las expectativas que se comunican tienden a cumplirse (lo trata el efecto Pigmalión).
Qué hacer con los estudios
Un niño que cree que no sirve para estudiar evita hacerlo, y eso confirma su creencia. Cortar ese círculo empieza por darle tareas que pueda resolver, un cuaderno de logros pequeños y la ayuda adecuada si hay una dificultad de fondo. Explican con más detalle cómo motivar a un hijo que no quiere estudiar y cómo ayudar con los deberes sin hacerlos. Para ayudarle a poner nombre a lo que siente tienes educación emocional en casa y en el aula.
El resto de temas de casa y colegio están en familia y escuela.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si mi hijo tiene baja autoestima?
Fíjate en patrones que duran semanas, no en un día malo: evita intentar cosas nuevas por miedo a fallar, repite «soy tonto» o «no sirvo», se hunde con una crítica pequeña, se compara siempre con los demás o no acepta un elogio. Un solo gesto no dice nada; varios juntos y sostenidos sí.
¿Es malo decirle a mi hijo que es muy listo?
Tampoco pasa nada por decirlo alguna vez, pero lo que más ayuda es concretar: «has probado dos formas de hacerlo» enseña más que «qué listo eres». El elogio sobre la inteligencia se asocia a que algunos niños eviten el riesgo de fallar. El elogio exagerado, además, puede empeorar la autoestima de algunos niños.
¿Un suspenso baja la autoestima?
Puede bajarla un día. Lo que la daña es la reacción repetida: comparaciones, etiquetas («eres vago») o silencios. Si el suspenso se convierte en un plan («qué vamos a cambiar antes del próximo examen»), el niño aprende que un mal resultado no define quién es.
¿Y si mi hijo se compara con sus compañeros y siempre pierde?
Dale otra vara de medir: su propio progreso. Guardad una prueba de hace tres meses y comparadla con la de hoy. Si la comparación viene de burlas o de un grupo que le excluye, pregunta en el colegio qué ocurre en el patio y habla con el tutor.
Fuentes
- Mueller, C. M. y Dweck, C. S. (1998). Praise for intelligence can undermine children's motivation and performance. Journal of Personality and Social Psychology, 75(1), 33-52. doi.org/10.1037/0022-3514.75.1.33
- Li, Y. y Bates, T. C. (2019). You can't change your basic ability, but you work at things, and that's how we get hard things done: Testing the role of growth mindset on response to setbacks, educational attainment, and cognitive ability. Journal of Experimental Psychology: General, 148(9), 1640-1655. doi.org/10.1037/xge0000669
- Sisk, V. F., Burgoyne, A. P., Sun, J., Butler, J. L. y Macnamara, B. N. (2018). To what extent and under which circumstances are growth mind-sets important to academic achievement? Two meta-analyses. Psychological Science, 29(4), 549-571. doi.org/10.1177/0956797617739704
- Brummelman, E., Nelemans, S. A., Thomaes, S. y Orobio de Castro, B. (2017). When parents' praise inflates, children's self-esteem deflates. Child Development, 88(6), 1799-1809. doi.org/10.1111/cdev.12936
- Ministerio de Sanidad (2022). Línea 024 de atención a la conducta suicida. Ministerio de Sanidad. sanidad.gob.es/linea024/home.htm
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