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    Cómo ayudar a un hijo con dislexia en casa

    Actualizado el 4 de noviembre de 20265 min de lecturaRedacción de psicopedagogia.com

    En pocas palabras

    • En casa tu papel es acompañar y quitar barreras, no dar clases de lectura: la intervención de fondo la hacen los especialistas.
    • Diez o quince minutos diarios de lectura compartida, audiolibros para que acceda al contenido y deberes con tiempo tope aportan más que una hora de repetición.
    • Lo que más se protege desde casa es la autoestima: reconocer el esfuerzo, destacar lo que hace bien y evitar comparaciones.
    En esta página
    1. Tu papel es otro
    2. Lectura compartida: cómo hacerla
    3. Audiolibros y voz del dispositivo
    4. Deberes con principio y final
    5. Autoestima: lo que se dice y cómo se dice
    6. Con quién coordinarte
    7. Preguntas frecuentes
    8. Fuentes

    Son las seis de la tarde y Hugo, de 9 años y con dislexia, lleva cuarenta minutos mirando una ficha de Lengua de media página. Su padre se sienta a su lado, le lee el primer enunciado, luego el segundo y, a los diez minutos, están los dos discutiendo. Es una escena que se repite en muchas casas; casi siempre el problema no es que a la familia le falte voluntad, sino que intenta hacer un trabajo que no le corresponde. Aquí tienes consejos concretos para que la tarde sea más corta y menos tensa.

    Tu papel es otro

    Una intervención específica sobre la lectura, con enseñanza ordenada de la relación entre sonidos y letras, es lo que respalda la investigación (Galuschka y otros, 2014; hablamos de ella en la página sobre dislexia) y lo que aplican los especialistas. En casa no hace falta, ni conviene, reproducirla. Lo que sí está en tus manos:

    • Que leer no se asocie a peleas, vergüenza o cansancio.
    • Que tenga acceso a la información aunque lea despacio (de ahí los audiolibros y la lectura en voz alta).
    • Que los deberes tengan un principio y un final.
    • Que se sienta capaz de otras cosas y se lo digas.

    Lectura compartida: cómo hacerla

    La lectura compartida consiste en leer juntos un mismo texto. Diez o quince minutos al día son suficientes, a una hora fija y sin pantallas.

    ModalidadCómo se haceCuándo usarla
    Por turnosUn párrafo o una página cada uno; él decide cuánto leeLibros nuevos, cuando todavía le cuesta mucho
    En ecoTú lees una frase con buena entonación y él la repite siguiendo con el dedoPara trabajar el ritmo y la expresión
    A dos vocesLeéis a la vez; tú bajas el volumen cuando él se sienta seguroTextos que ya conoce
    Con audioEscucha el audiolibro y sigue el texto con el dedoLibros más difíciles o libros de clase

    Dos reglas prácticas. Primera: no le corrijas cada error mientras lee; si se atasca, dile tú la palabra y sigue, o déjale un par de segundos para que lo intente. Segunda: deja que elija el libro, aunque sea un cómic, un libro de animales o la revista del fútbol. La lista de lecturas por edad está en cómo fomentar la lectura.

    Audiolibros y voz del dispositivo

    Un niño con dislexia puede comprender textos muy por encima de lo que lee con soltura. Si el contenido solo le llega por la vista, se queda fuera de lo que su inteligencia le permite entender. Los audiolibros (en bibliotecas, plataformas o grabados por la familia) y las funciones de lectura en voz alta de móviles y ordenadores eliminan esa barrera.

    • Para un libro de lectura obligatoria del colegio, pide al tutor si se puede usar la versión en audio junto con el texto.
    • Los móviles y tabletas llevan funciones de accesibilidad para que el dispositivo lea en voz alta lo que hay en pantalla; actívalas en Ajustes.
    • Para escribir, el dictado por voz le permite redactar sin pelearse con la ortografía en el primer borrador, y luego se revisa con él.

    Que escuche no significa que deje de practicar: sigue necesitando leer con apoyo cada día. Es una puerta de acceso a la información, no un sustituto.

    Deberes con principio y final

    Pacta con el tutor un tiempo límite para los deberes y respétalo. Si se alarga más de lo acordado, para y deja una nota al profesor («hoy ha trabajado cuarenta y cinco minutos y no ha terminado»). Los tiempos orientativos por curso y cómo ayudar sin hacerle los deberes están en cómo ayudar con los deberes. Si lo que más pesa son las faltas al escribir, mira disortografía.

    Ideas concretas que funcionan:

    1. Empezar por lo que más le cuesta, cuando aún tiene energía.
    2. Leerle los enunciados las primeras veces y pedirle que explique con sus palabras qué le piden.
    3. Fragmentar: una tarea cada vez, con una pausa breve y sin mirar el móvil.
    4. Dejar que conteste de palabra algunas preguntas y que tú o él las escribáis.
    5. Terminar con algo que le salga bien.
    Una tarde de lunes a viernes para un niño de 4.º de Primaria
    LMXJV
    17:00-17:15Merienda y descansoMerienda y descansoMerienda y descansoMerienda y descansoMerienda y descanso
    17:15-17:55DeberesDeberesDeberesDeberesDeberes ligeros
    18:00-18:30LogopedaJuego libreApoyo escolarJuego libreJuego libre
    20:30-20:45Lectura compartidaLectura compartidaAudiolibroLectura compartidaLibro que elija

    Autoestima: lo que se dice y cómo se dice

    El daño más duradero de la dislexia no suele ser lo que no lee, sino lo que se dice de sí mismo. Es frecuente que un niño llegue a la conclusión de que es «tonto», y esa idea es difícil de quitar. Lo que ayuda es reconocer el esfuerzo concreto, no el resultado, y poner en valor lo que hacen bien. Más sobre este tema en autoestima en niños.

    Frases que restan y frases que ayudan
    Mejor evitarMejor decir
    Ante un falloOtra vez la misma faltaHas puesto la h donde tocaba, ahora la c
    CompararTu hermana ya leía con tu edadHoy has leído más seguido que ayer
    EsfuerzoSi te esforzaras másSé que te cuesta y has seguido
    EtiquetaEres un despistadoEsto lo haces de otra manera, vamos a buscarla
    FuturoAsí no vas a aprobarLo vamos a ir ajustando juntos

    Ejemplo: una conversación después de un mal día

    Hugo vuelve del colegio y dice que no quiere volver, porque en clase la maestra le ha pedido leer en voz alta y se han reído. Su madre no empieza por «no hagas caso». Le dice: «Suena fatal. ¿Qué has sentido?». Escucha, y solo después propone: «¿Quieres que hablemos con la seño para que te avise antes y puedas prepararte el párrafo?». Hugo asiente. Al día siguiente la madre envía una nota al tutor. Este diálogo es un ejemplo ficticio, pero la secuencia es la que suele funcionar: primero la emoción, luego una solución concreta que el niño elige.

    Con quién coordinarte

    Lo que haces en casa tiene que ser coherente con lo que se hace en el colegio. Pide al tutor un resumen de las medidas del informe para que coincidan los apoyos de casa y de clase (las adaptaciones en el aula), y prepara las reuniones con la guía de tutorías con el profesor.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuánto tiempo debe leer cada día un niño con dislexia?

    Más importante que la cantidad es que sea regular y sin tensión: diez o quince minutos diarios de lectura compartida suelen ser mejor que una hora el domingo. Si se agota o se enfada, se corta; terminar con una buena sensación pesa más que cumplir el tiempo.

    ¿Los audiolibros hacen que mi hijo lea menos?

    No hay motivo para pensarlo. Escuchar un libro mientras sigue el texto con la vista o con el dedo mantiene el contacto con las palabras escritas, y escucharlo sin texto le da acceso al vocabulario y a las historias sin el obstáculo de decodificar. Lo ideal es combinar ambas cosas con lectura propia a su nivel.

    ¿Debo corregirle todas las faltas de ortografía en los deberes?

    No todas. Corregirlo todo convierte los deberes en una lista de fallos. Elige uno o dos tipos de error (por ejemplo, las uniones de palabras o la h) y trabaja solo ese en la semana, como se explica en la página de disortografía.

    ¿Puedo ayudarle yo en casa o necesita un profesional?

    Las dos cosas. Un profesional (maestro de audición y lenguaje, logopeda o psicopedagogo) aplica la intervención específica y tú refuerzas la rutina, la motivación y el acceso a la información. Si el profesional te da ejercicios concretos, haz solo esos y no inventes otros.

    ¿Qué hago si se niega a leer?

    Pregúntale qué es lo que le cuesta de leer, sin juzgar. Pasa a lectura compartida o audiolibro, deja que elija el libro (también valen cómics y libros de datos) y comenta el problema con el tutor. El rechazo persistente, con malestar físico o llanto, merece consultar.

    Fuentes

    1. Galuschka, K., Ise, E., Krick, K. y Schulte-Körne, G. (2014). Effectiveness of Treatment Approaches for Children and Adolescents with Reading Disabilities: A Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. PLOS ONE, 9(2), e89900. journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0089900

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